Nueva elegía a la Fuente del Forraje.

23.04.2021

En 1963 nuestro conocido versador Rafael Lacalle, publicaba en la revista Castillo (febrero de 1963, número 12, año II), un poema a la Fuente del Forraje; un lugar que, ahora, puede quedar asolado. Ésto si finalmente se lleva a cabo el macro parque fotovoltaico de Brihuela o Briguela, ya que por esta zona emblemática bajarían las gigantescas torres de alta tensión que llevarían la electricidad hasta la subestación de Godelleta.

En esta sencilla y triste oda, Lacalle lamentaba el corte de los dos grandiosos árboles que la embellecían y dice así:

Elegía a la Fuente del Forraje

Fuentecilla del Forraje

¡Ay mi dulce fuentecilla!

tan humilde y tan sencilla

¿Por qué te han hecho este ultraje?

¿No eran tus dulces amigos

los dos árboles frondosos

que se sentían dichosos

sólo de vivir contigo?

Fresca sombra ellos te daban,

y a los pájaros cantores

que te decían amores

en sus ramas columpiaban.

La luna amorosamente

por sus ramas descendía

y plácida se dormía

en tu cristal transparente.

Si en tan idílica paz

fuente y árboles vivían,

y en esto a nadie ofendían

¿por qué con saña tenaz

una mano destructora

los árboles ha cortado

y por siempre ha separado

de la fuente encantadora?

¡Fuentecilla del Forraje

han roto tu bello encanto!

Y hoy tu manantial es llanto

que va llorando este ultraje.

Vemos, pues, en este ejemplo (publicaremos otros), como históricamente hemos apreciado y reivindicado nuestro patrimonio natural y como se ha reaccionado ante salvajadas como la que supuso la tala de un par de ejemplares, en esta fuente. Un manantial, hoy, prácticamente seco, pero ubicado en una estrecha rambla cultivada y frondosa, de gran valor medioambiental (que además alberga algún importante yacimiento arqueológico). Así, que no es extraño la reacción que han tenido los vecinos ante el panorama desolador que espera a este corredor verde, ligado a la dehesa de Brihuega. En poco tiempo, si no ocurre un milagro, podemos lanzar una elegía, esta vez apoteósica, por este tradicional lugar de cultivo, aprovisionamiento y recreo de los chivanos; por todo un entorno masacrado. Sigamos pues coreando, con todas nuestras fuerzas y antes de que sea demasiado tarde, un gigantesco cantico reivindicativo, en defensa de nuestro patrimonio, antes de tener que volver a entonar un estremecedor réquiem de duelo. Ese lamento y ese paisaje desolador es el que heredarán nuestros hijos.


Centro de Estudios Chivanos (CECH)